Acabo de cumplir un año como freelance, autónomo, emprendedor…. En enero de 2019 decidí dar un paso necesario que ha cambiado mi forma de enfrentarme al trabajo y me ha ofrecido una vida profesional más libre. En este período de tiempo he acertado, he errado y sobre todo he podido extraer algunas lecciones y aprendizajes valiosos para mi. Te los cuento en este primer post de 2020 y espero que puedan ayudarte si estás comenzando esta aventura o pensando en ello.

  • Lidiar con la incertidumbre. Si te inquieta el cambio, la inestabilidad o la incertidumbre, tal vez este no sea tu camino. Reconozco que a mí me desestabiliza pero he aprendido a convivir con ello. Ser freelance no es sinónimo de seguridad y es algo que debes tener claro antes de lanzarte.
  • Gestionar mi tiempo. Con los años he aprendido que el valor del tiempo es incalculable. Ser autónomo te permite una gestión del mismo distinta y, para mí, mejor. Puedes priorizar tus horas más productivas sin cumplir un horario estricto porque sí, y además puedes hacer tus gestiones cuando quieras, sin pedir permiso. Esa libertad es lo mejor de ser freelance.
  • Negociar. Esta es una tarea fundamental si vas a dedicarte a vender tu trabajo. Tendrás que aprender a llegar a acuerdos con clientes o proveedores y tratar de no perder aunque al comienzo siempre acabarás cediendo.
  •  Ponerme en valor. Ser emprendedor es alquilar tu talento a gente que lo necesita y por tanto esto tiene un precio y sobre todo un valor. Yo he aprendido y sigo aprendiendo a poner sobre la mesa mis capacidades, a darles nombre y a venderlas.
  • Decir que no. Seguro que piensas que dar un no por respuesta es incorrecto, sobre todo al comienzo, pero con el tiempo aprenderás a valorar tu tiempo y tu trabajo y por tanto a decir que no a proyectos no rentables o que no eres capaz de asumir por lo el motivo que sea, y no pasa nada.
  • Priorizar tareas. Debes poner en una balanza y comenzar por el trabajo que te llevará más tiempo, que debes entregar antes o que te pagan mejor. No te olvides de ningún cliente pero la dedicación se paga.
  • Controlar mis finanzas. Ingresos, gastos, previsiones, liquidez, impuestos…Para alguien de letras como yo no ha sido fácil familiarizarme con los números pero es vital que lo hagas y que tengas una asesoría de mano que te ayude.
  • Desconectar. Es quizá de las tareas más difíciles. Como emprendedor no tienes horarios pero corres el riesgo de pasar 20 horas al día pensado en tu trabajo. Trata de poner punto y final a cada día, deja el ordenador y oxigena tu mente con tiempo de ocio para ti.

Estas son, resumiendo, las siete lecciones que he aprendido durante este primer año emprendiendo y me quedan todavía muchas por aprender.

Si tú también has emprendido, ¿cómo ha sido tu experiencia, qué errores has cometido y cómo ha cambiado tu vida? Si lo estás valorando, te animo a que lo hagas pero “con sentidiño”.

¡Te leo!