Comenzamos este 2016 con una noticia triste, especialmente para los que fuimos adolescentes a comienzos de la década pasada. Fotolog ha muerto y con él se ha ido toda la inocencia digital de una generación que no tenía smartphones ni tan siquiera móvil con cámara pero que se entregó a una red social pionera y visionaria.


Antes de que el retrato fotográfico de nuestras vidas se compartiese sin pudor en facebook o instagram, hubo un diario online donde unos 30 millones de usuarios colgaban un trozo de su yo digital cada día. Hoy, 13 años después de su nacimiento , nos hemos quedado un poco huérfanos, nostálgicos y sin esos recuerdos que ya no flotan en la nube de internet. Fotolog adelantó el futuro cuando nadie presagiaba que las redes sociales se convertirían años después en lo que hoy son, casi  una extensión de nosotros mismos.

El ego digital, tan extendido con los miles de selfies que se publican a diario en las redes tuvo su origen con Fotolog. En esta red mostramos por primera vez al mundo nuestro yo 2.0 con un aire inocente que hoy casi sonroja. El flog, como también era conocido, fue contenedor online de nuestros pensamientos y vivencias a modo de red de microblogging y en muchas ocasiones plataforma de difusión artística y cultural. Adelantó por tanto un papel fundamental que las redes tienen hoy, el de altavoz de nuestra marca. Allá por el 2003 ya hacíamos sin saberlo branding personal con nuestra actualización diaria y con la elección de nuestro nickname. En este caso, muchos nombres nos acompañaron durante  años como parte de esa identidad digital que se entremezclaba con la real.

Con Fotolog nos convertimos también en generadores y moderadores de comentarios aunque con número limitado (a excepción de las cuentas premium). La participación y la conversación, bases de las redes sociales y de la web 2.0, estuvieron también en el origen de Fotolog donde que alguien te agregase a favoritos era todo un logro. Y qué decir de la desvirtualización de todos esos usuarios mediante encuentros físicos. Fotolog nos demostró que el mundo online era una fuente de relaciones que podrían tener un final feliz en el offline.

Somos una década más viejos y la inocencia de colgar una foto propia en internet o una reflexión puede que ya no nos emocione pero los nostálgicos nunca nos olvidaremos de una red que fue punto de encuentro, que fraguó amistades y que lo precipitó todo. Gracias Fotolog y larga vida!

 

 

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